Por: Administrador | Publicado el: 03/05/2026 | Categoría: Devocionales (POB)
Génesis 1:29 — Dios dijo: Miren, les he dado como alimento cada planta que produce semilla de toda la tierra, y cada árbol que produce fruto con semilla.
La generosidad que anticipa
Antes de que el pecado distorsionara la relación entre Dios y el hombre, ya existía una economía de la provisión. Dios no esperó que la humanidad le pidiera alimento: anticipó su necesidad y proveyó con generosidad desbordante. Hierbas, semillas, frutos de toda especie: un banquete preparado antes de que hubiera comensales. Esa misma lógica divina opera hoy. El Padre que viste los lirios del campo y alimenta a las aves del cielo no ha cambiado su manera de ser. Sigue siendo el Dios que provee antes de que la necesidad llegue a ser urgente.
Mayordomos, no dueños
La tierra produce más de 400.000 especies de plantas comestibles, y el ser humano apenas utiliza unas 200 con regularidad. Existen además unas 24.000 especies de peces. La abundancia que Dios puso en la creación supera con creces cualquier necesidad humana. Sin embargo, el hombre convirtió ese don en abuso: deforestación, contaminación, extinción de especies. Dios no llamó al ser humano a explotar la creación sino a mayordomearla con la misma responsabilidad con que un administrador fiel cuida los bienes que le fueron confiados en depósito sagrado.
La gratitud como postura permanente
Recibir con gratitud lo que Dios da es un acto espiritual de primer orden. La ingratitud fue la primera puerta que el pecado abrió en el corazón humano. Cuando dejamos de reconocer que todo bien viene de arriba, comenzamos a creernos autosuficientes, y la autosuficiencia es el caldo de cultivo de la idolatría. El creyente que vive con las manos abiertas —recibiendo de Dios y distribuyendo hacia los demás— está practicando la espiritualidad más genuina. Cada alimento sobre la mesa es una prédica silenciosa sobre la bondad inagotable del Creador.
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Nada es imposible para Dios