Colosenses

Colosenses

CONTEXTO DE COLOSENSES

Colosenses es el quincuagésimo primer libro de la Biblia y pertenece a las epístolas paulinas del Nuevo Testamento. Su nombre procede de Colosas, localidad del valle del Lico en Asia Menor, con una iglesia fundada por Epafras, colaborador de Pablo, durante el ministerio efesio del apóstol.

La carta abarca un arco temporal concentrado en su redacción, hacia los años 60 a 62 d. C. Los escenarios implicados son Roma, donde Pablo se encuentra preso por primera vez, y Colosas, ciudad en declive económico pero amenazada por una herejía que mezclaba elementos judíos, ascetismo y angelología, desvirtuando la centralidad de Cristo.

En un contexto de sincretismo religioso, Colosenses presenta a un Dios que ha revelado todo su misterio en Cristo, preparando el escenario que continuará en 1 Tesalonicenses.

ESTILO DE COLOSENSES

Colosenses combina varios géneros literarios con densa riqueza teológica. Alterna la acción de gracias con un himno cristológico de primera magnitud, argumentación antiherética, exhortaciones éticas, reglas para el hogar cristiano y saludos personales, usando la supremacía y suficiencia de Cristo como hilo conductor de toda la obra.

Su lenguaje es sobrio y profundamente cristocéntrico. Pasajes como el himno de Cristo imagen del Dios invisible, la reconciliación por la sangre de la cruz, el misterio revelado entre los gentiles, la advertencia contra las filosofías vanas, la vida escondida con Cristo en Dios o la tabla de deberes domésticos se graban en la memoria por su fuerza doctrinal. Los creyentes aparecen con virtudes y caídas, mostrando a un Dios cuyo misterio es Cristo.

PROPÓSITOS DE COLOSENSES

El propósito fundamental de Colosenses es revelar la supremacía absoluta de Cristo sobre toda la creación y sobre toda potestad, rechazando cualquier añadidura que pretenda completarlo. El libro muestra que en Cristo habita toda la plenitud de la Deidad corporalmente y que los creyentes están completos en él.

Colosenses advierte contra el ascetismo, el legalismo y la veneración de ángeles, y extrae de la doctrina una ética práctica sobre la vida nueva, las relaciones familiares, el trabajo y la oración. Presenta a Cristo como cabeza del cuerpo, primogénito de toda creación y reconciliador del cosmos, y al creyente como muerto y resucitado con él.

La carta refuerza así el patrimonio doctrinal frente a reinterpretaciones reductoras de Cristo.

AUTOR DE COLOSENSES

La tradición bíblica atribuye Colosenses al apóstol Pablo, como la propia carta declara al inicio, asociando también a Timoteo. El reconocimiento unánime de la iglesia primitiva y sus vínculos literarios con Efesios y Filemón, escritas por el mismo tiempo, confirman esta autoría.

Su perfil lo capacita singularmente para esta obra. Aunque Pablo no conocía personalmente a la iglesia colosense, la información de Epafras lo alarmó lo suficiente para redactar esta carta. Escrita desde la prisión romana hacia los años 60 a 62 d. C., Colosenses refleja la voz de un siervo que, preso por el evangelio, se preocupa pastoralmente por iglesias que nunca ha visto y eleva la mirada de los creyentes hacia la plenitud que tienen en Cristo.


Dios nunca te abandona